Los escépticos
Los escépticos son animales que corren; su naturaleza es correr. Su velocidad les permite colocarse a nuestras espaldas cuando estamos en su presencia. Se dice que la mejor forma de lograr avistar a un escéptico, aunque sólo sea unos segundos, es girar la cabeza hacia el lado contrario al que se espera: con suerte, el escéptico tardará unos instantes en reaccionar, antes de corretear torpe y apresuradamente hacia algún ángulo ciego. Otra táctica, más difícil y arriesgada, es tirarse al suelo de espaldas: así tumbado y, seguramente, dolorido, es por lo demás un espectáculo ver cómo corren despavoridos en todas las direcciones.
Es difícil saber qué hacen los escépticos en su tiempo libre, cuando están a solas y creen que nadie los está mirando. Unos dicen que se dedican a fabricar, con los materiales que provee la naturaleza, cuernos, garras o colas para animales que carecen de ellos. Si alguien descubre, por ejemplo, un cuervo con un cuerno de rinoceronte pegado en la frente, puede suponerse que se trata de la obra de un escéptico. Otros sostienen que su gran afición es subirse a las copas de los árboles, en pequeños grupos, y recitar por turnos palabras aparentemente inconexas, deleitándose en el sonido al pronunciarlas. En ocasiones (según los testigos) las entonan en forma de melodías, pero no logran armonizarlas y descienden del árbol cabizbajos, cada uno por su lado, como si no se conocieran.
Imagen de De monstris (Fortunio Liceti, 1665).