Agujeros negros
Hay seres que son como un agujero negro de vibraciones, que absorben la energía que los rodea. La tipología es infinita, según nuestros tratados, pero algunos tipos abundan más que otros.
Los hay que permanecen todo el tiempo en un sitio recogido, callados, drenando a criaturas vecinas. Alguien con la sensibilidad apropiada puede sentirlos antes de verlos; de hecho, la mayoría no se pueden ver en absoluto, o sólo en la penumbra, por lo que de día mejor dejar una silla vacía.
Sin más sentidos que el hambre, esa hambre atroz a la que no aprovecharía el universo, se dejan guiar por el entramado energético que les nutre y da cobijo, empujados hacia los nexos más concurridos. Por ello, tienden a situarse en las intersecciones y puntos donde se encuentran trayectorias. Antes de pasar por una esquina, espérate a que lo haga alguna persona o animal y fíjate en sus movimientos: si por alguna razón parecen ralentizarse al cruzarla, deberías dar un rodeo o hacerlo corriendo.
Esta es sólo una clase, la más abundante: tantos como hormigas hay en la tierra. Necesitan de la vecindad, de estar entre nosotros, pues tal es su sustento.
Otros residen en negros campos interestelares y desde allí te alcanzan un poco y te consumen un poco.
Otros salen al paso, te hablan, se hacen visibles, tangibles… Al aproximarse te bajan las defensas y lo confundes con amor.
Otros no adoptan forma humana, pero acompañan a personas de su elección: ese hombre nunca está solo, y su comportamiento sólo se entiende cuando se discierne que funciona como un embudo.
El problema es que hay mucha gente dispuesta a entregarse, porque el cansancio anestesia.
Imagen: Olvidado – hundido (Alfred Kubin, 1901/1903).